Poema ocasional 3

UN NIÑO MIRANDO EL UNIVERSO

Dejando la seguridad de las negras sábanas,
como bolitas de papel de pelo viejo
lanzadas al caldero de la risa
por un niño que juega a cocinero,
dos planetas blancos bostezan
y se acercan afanosos
y con miedo de su propia carga.

Los habitantes de este hogar antiguo
se apiñan
casi formando una pupila,
para presentir el dolor
en un vano intento para superarlo en hastío.

Esos dos planetas, ya más cercanos y lejanos,
dos poemas en las caras opuestas de una hoja,
son de un solo continente
y cuelgan del jorobado árbol
que fue sembrado en miedo
en lo que actualmente pensamos
es la trastienda de los primeros años.

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