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Mostrando las entradas de marzo, 2018

Yo es otro - Rimbaud

Muy conocidas cartas de Rimbaud. Solo quisiera apuntar que  con ayuda de un poco de filosofía, en este caso de Descartes, se podría entender bien el sentido del "Yo es otro" Pienso que esta frase es un enorme grito de aceptación de nuestra incapacidad epistemológica. Es la expresión aforística de la idea de que lo que comprendemos no es real y de que lo real es incomprensible o inconcebible por principio. Descartes en sus meditaciones trasunta por cuatro puentes de la duda en su viaje por el rio de la fundamentación absoluta.  Los expondré brevemente: la primera duda es sobre lo que perciben nuestros sentidos, esta es una duda epistemológica sobre muestra capacidad de conocer; obviamente los sentidos no pasan la prueba de la duda. La segunda duda es ontológica, sobre lo que existe, si yo existo; la duda del sueño borra tal conocimiento ontológico. A la duda del sueño le sobreviven sin embargo las categorías básicas del entendimiento, las partes esenciales de todo lo que co...

Cavalo Morto - Juan Carlos Mestre

:O Brutalmente bueno CAVALO MORTO Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves. Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola calle forrada con tela de gabardina. Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo. Un lugar que e...

Mamá negra - X-504

QUÉ TAL ESTA BELLEZA!!! Mamá negra Cuando mamá negra hablaba del Chocó le brillaba la cadena de oro en el pescuezo, su largo pescuezo para beber agua en las totumas, para husmear el cielo, para chuparles la leche a los cocos. Su pescuezo largo para dar gritos de colores con las guacamayas, para hablar alto entre las vecinas, para ahogar la pena, y para besar a su negro, que era alto hasta el techo. Su pescuezo flexible para mover la cabeza en los bailes, para reír en las bodas. Y para lucir la sombrilla y para lucir el habla. Mamá negra tenía collares de gargantilla en los baúles, prendas blancas colgadas detrás del biombo de bambú, pendientes que se bamboleaban en sus orejas, y un abanico de plumas de ángel para revolver el aire. Su negro le traía mucho lujo del puerto cada vez que venían los barcos, y la casa estaba llena de tintineantes cortinas de conchas y de abalorios, y de caracoles para tener las puertas y para tener las ventanas....

Poema semana II

Algunas veces cuando te predispones para escribir un poema en el marco de un plan temático surgen dificultades. En este caso me invadió un sentimiento al escribir este poema a Verónica, una mujer preciosa. Al principio, los dos primeros párrafos los escribí a la luz de su imagen en mi recuerdo, pero la imagen en mi recuerdo en principio tan bien delimitada por el plan, se vio sacada de su marco pescada con la carnada del pensamiento por la pareja de miedos y sus hijos los malos recuerdos. Pero no importa, es lo que sentía y es un ejercicio. EL VIEJO CIEGO Y LOS TRIGALES Pronunciare tu nombre en la última hora. Así sabrá la muerte dónde encontrarme cuando llegue. MEIRA DELMAR Ojos que reman contracorriente sobre el vidrio del aire, como manos de niña sentada sobre trigales muertos, que cultivan el agua de lluvia con reflejos, manos que intentan llevar una moneda a los dioses que calcan en las escuelas otros niños. Ojos esas dos totumas mojadas boca abaj...

Poema ocasional 3

UN NIÑO MIRANDO EL UNIVERSO Dejando la seguridad de las negras sábanas, como bolitas de papel de pelo viejo lanzadas al caldero de la risa por un niño que juega a cocinero, dos planetas blancos bostezan y se acercan afanosos y con miedo de su propia carga. Los habitantes de este hogar antiguo se apiñan casi formando una pupila, para presentir el dolor en un vano intento para superarlo en hastío. Esos dos planetas, ya más cercanos y lejanos, dos poemas en las caras opuestas de una hoja, son de un solo continente y cuelgan del jorobado árbol que fue sembrado en miedo en lo que actualmente pensamos es la trastienda de los primeros años.