A Cali ha llegado la muerte - Emilia Ayarza Herrera


Hoy quiero compartirles uno de los poemas colombianos que mas me han impresionado. Para sorprenderse aun más de la importancia de este poema, me gustaría contarles el contexto histórico del poema. ¿Alguna vez les ha pasado que mientras duermen y sueñan asimilan con sus sentidos el mundo externo dentro de su fantasía? Freud consigna esto en su trabajo La interpretación de los sueños, pero solo lo menciona, ya que no es su objetivo principal explicar ese solo suceso. Pero indicare mejor de que se trata esta asimilación. Por ejemplo, esta sonando un taladro desde la casa del vecino. El durmiente esta soñando, digamos, con un viaje paradisíaco con sus amigos y lindas chicas, para que sea mas paradisíaco xD. Pues el durmiente aún escucha y asimila ese sonido de taladro como el sonido del motor del carro en el sueño o una guitarra eléctrica tocada por el durmiente mientras sueña. Igual pasa con todos los demás sentidos, excepto el de la vista. Pues bien, los habitantes de Cali el 7 de agosto de 1956 tuvieron que seguir soñando en un mundo donde ya la metáfora con el sueño tal vez sea inexacta. Los datos sobre muertes son meramente estimados, pero según el documental de Señal Colombia fueron aproximadamente 4000 y los heridos 12000. Una enorme explosión de mas de mil cargas de dinamita en un camión del ejercito exploto en pleno centro de Cali, sacando hasta los muertos de sus tumbas, como nos cuenta Emilia. El camión mato niños, mujeres, ancianos, perros, casi todo (quien sabe las cucarachas) lo que se encontró a su paso. Los camiones con ese tipo de cargas por lo general no tiene permitido estacionar en zonas tan pobladas como una ciudad. Pero por temas burocráticos se le había concedido un permiso. El presidente de ese periodo prometió un duro castigo a los causantes. Pues hasta el día de hoy ningún militar ha sido acusado. Se quedo en rumores, tal vez el centinela estaba fumando y no tuvo cuidado, dicen por ahí. Pero ni el supuesto descuidado ha sido acusado formalmente. Así es mas o menos la cosa. 

A CALI HA LLEGADO LA MUERTE
No.
Ni la sangre de polvo.
Ni el rumor de las venas sub-terrestres.
Ni los ojos de antiguas polillas vagabundas.
Ni los hombres de párpados doblados.
Ni la casulla del viento.
Ni la tierra pintada de frutos en la tarde.
No.
Nada.
Ni el sexo que comienza en la lengua de los niños.
Ni los pastores de culebras.
Ni las esquinas infieles sobre las ventanas.
Ni la dignidad de los trapiches
sostenida en el breve equilibrio de la caña.
Ni el transparente río que se hunde por los muslos de Cali.
No.
Nada.
Ni las almadías del sueño.
Ni el somnoliento camello de la cordillera.
Ni el monólogo amarillo del sol en el espacio.
Ni la paz de los escarabajos.
Ni la mariposa pintora.
Ni el grillo concertista.
Ni la boñiga de oro.
Ni los geranios, ni las bicicletas
que absorben con sus esponjas de silencio
la tibia pereza de los muros
No.
Nada.
Ni el candor de las escuelas que traza palotes de ausencia en los tableros.
Ni los borrachos que miran fijamente a la ventera
y le derraman el corazón entre las trenzas.
Ni las polleras de los siete-cueros.
Ni la barba de cristal de los torrentes.
Ni los panales detrás de las ortigas
Ni los bueyes de artificial melancolía.
No.
Nada pudo detener la muerte.
Llegó a Cali navegando
y los corceles del Océano Pacífico
la saludaron volcando sus belfos espumeantes en la playa.
Llegó por el pito de los buques
por las banderas de los guacamayos
por el ojo de las agujas que remienda el pudor de las modistas
por la voz de los muertos en los árboles
por los billetes rubios
por el alma incolora de los camioneros
por los ojos trasnochadores de los naipes
por la felina displicencia de los grandes
por la rosa ignorante
por el paisaje de zapatos sin huella.
Llegó sin pasaporte y cruzó la frontera
caminando sobre el miedo rosado de los niños
por el clavicordio dorado de los campanarios
por el pelo de agua de los cosos
por la sencillez de los pueblos
donde los campesinos y las almojábanas se encaran con el sol
y los mendigos pegan su coto a las ventanillas del tren.
Llegó sin autorización de los muertos
que se salieron de sus tumbas
a protestar en un mitin putrefacto y amarillo.
Llegó por en medio de las garzas
los taladros
por entre el múltiple corazón de pitahayas
por la flor que se colocan las solteronas tras la oreja
por los solares donde hacen venias al viento los interiores parroquiales
y un tulipán oye misa diariamente.
Por cerca de los gallos
que creen en la blancura de los huevos
por los tejados donde los zuros escriben la epopeya de los celos
y los gatos y la luna
forman siete lechos y un violín.
Invadió los palacios, las haciendas
los ranchos y las niñas de capul.
Invadió el cielo y sus altos corderos extraviados.
Invadió la secreta desnudez de los cadáveres.
(La ciudad era un racimo de plomo derretido
y la muerte le salía a bocanadas).
La historia de Cali dejó de ser un río deliberadamente puro
por cuyas ondas los días eran barcos de vidrio.
El rojo fue una lluvia sostenida en el aire
y entre los montes de cristal la sangre
dibujará para siempre vitrales en la sombra!
¡Hay que llorar desesperadamente!

De El universo es la patria (1962)

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